... otras veces, al salir de la carniceria me sumerjo y parasito entre mis escombros internos, loco placer derivado del embelesado descanso... y no paro: hormigas obreras con las maletas hechas trepando a por azucar muchas de ellas desconsoladas; un engalanado violinista despistado con cara de angustia sin saber con que deleitar envuelto en sudor; a esa misma hora, la mujer barbuda, enamorada del trapecista planea afeitarse para desequilibrar el canasto de los besos y aprovechar el derrame; a veces todo a babor y a veces todo a estribor sigo con mi sonrisa inconsciente y la mente vacia de luz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario