portento de agua y de arena,
radiante con los caballitos,
inmune a cantos de sirena.
En sombras se cobija trémula,
rezando a que nada aparezca,
envuelto entre polvo y arañas,
maldito por risas y quejas.
Ya se ha mudado a las afueras,
animado por las promesas,
loco ya de tapar sus oidos
cuando en la plazuela hay verbena.
Es primo hermano de la ausencia
y ya desde pequeño juegan
a ver morir a los viejitos,
a hundir las distantes parejas.
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